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El "Sobrinity Manager": Por qué saber usar redes no es saber comunicar

  • Foto del escritor: Paolo Vozzi
    Paolo Vozzi
  • hace 1 día
  • 3 Min. de lectura

(O cómo confundir saber subir historias con saber comunicar, es como community pero más barato y menos pro)


En la empresa de repuestos para autos de Luis, nadie sabía muy bien cómo funcionaba Instagram.


Ni falta que hacía, decía él.

Hasta que una tarde, el hijo de un cliente le preguntó:

—No tenés página para ver si tenés ese filtro?

Luis dijo que no, pero que pasara por el local.

El chico respondió:

—Nah, lo veo en Mercado Libre mejor.

Eso fue un golpe.


El "Sobrinity Manager": Por qué saber usar redes no es saber comunicar


Esa noche, en la cena familiar, Luis miró al sobrino que tenía enfrente.

Un adolescente con buzo oversize, aro en la ceja y el celular pegado a la cara.

—Vos sabés de esas cosas de redes, no?

—Sí, obvio.

—Querés manejarme el Instagram del negocio?


Y así nació el “Sobrinity Manager”.


Los primeros posteos fueron raros.


Una selfie frente al taller con la leyenda "Acá trabajando duro 💪🔥"

Una historia con reggaetón de fondo y el texto “Aguante los fierros 💥”.

Un reel en cámara rápida mostrando cómo cambiaban un radiador… con un filtro de perritos.

Luis no entendía nada, pero sonaba moderno.


—Subí más cosas de esas.

—Tranqui, tío. Esto explota.

A la semana, Luis preguntó:

—Vendimos más?

El sobrino dudó.

—No sé… Pero tenemos 86 me gusta en el último reel.

—Y eso sirve?

—Sirve para el algoritmo.

—Y el algoritmo compra filtros de aire?

—Ni idea, pero mirá este sticker que le puse.


Al mes, un cliente nuevo apareció en el local y dijo:

—Vengo por el meme del Renault 12.

Luis sonrió.

Al fin una conversión.

Hasta que el tipo agregó:

—Tenés el descuento del reel, ese que decía “todo al 50%”?

Luis se quedó pálido.

No había autorizado nada de eso.

Tampoco sabía cómo sacarlo.

Ni tenía la contraseña de la cuenta.

Nadie respondía los mensajes, ni los comentarios.

No había un tono ni idea clara de la voz de la empresa.


El sobrino duró dos meses.

Después se fue de viaje de egresados y dejó todo colgado.

Luis contrató una agencia.


En la primera reunión dijo:

—No me hagan cosas con filtros de gatito. Pero tampoco quiero que sea aburrido.

—Qué querés comunicar? —preguntó la ejecutiva.

Luis se quedó callado.

Y ahí entendió todo.


🔍 Lo que aprendimos:


  1. Publicar no es comunicar. Y subir cosas al voleo no es estrategia.

  2. El sobrino puede saber de redes… pero eso no lo convierte en profesional.

  3. Una marca necesita coherencia, objetivos, tono, planificación. No solo gifs.

  4. Delegar la atención de un canal (online u offline) que atiende a tus clientes o potenciales clientes, es cosa seria.

  5. Todo integrante del área de comunicación tiene que convertir o tener métricas relacionadas.


📋 Checklist para saber si necesitás ayuda profesional (y no familiar):


✅ Tus publicaciones tienen un objetivo claro o son solo “cosas lindas”?

✅ Estás midiendo resultados o te guiás por likes?

✅ Tu sobrino sabría explicar el tono de tu marca y tu público objetivo?

✅ Tenés acceso a tu cuenta o está en el celular de alguien que ya ni trabaja con vos?


✨ Reflexión final:


Delegar en alguien “joven” porque “sabe de redes” es como elegir contador porque tiene calculadora.

La comunicación necesita estrategia, no solo emojis.

Y aunque tu sobrino sea un capo editando TikToks, tu marca merece algo más que una playlist con filtros.

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